Todo propietario tiene un precio en mente antes de vender. A veces viene de lo que invirtió, otras de lo que necesita obtener o incluso de lo que “cree que vale su casa”. Ese número es conocido como el precio de ensueño. El problema es que el mercado no compra sueños. Compra realidades.
Y cuando un vendedor fija el precio desde la emoción, no desde los datos, la venta se vuelve más lenta, más desgastante y menos rentable.
1. El mercado no paga por recuerdos ni por historias personales
Que la casa haya sido heredada, remodelada o parte de una historia familiar, no influye en cuánto están dispuestos a pagar los compradores. El comprador compara fríamente:
valor por m²
estado físico
competencia del momento
oferta y demanda
ubicación
2. “Probar más arriba” ya no funciona en 2025
Antes se podía publicar 10–15% arriba y esperar oferta. Hoy, en colonias como Narvarte, Nápoles o San Miguel Chapultepec, esto genera el efecto contrario:
menos visitas
menos conversaciones
más tiempo en mercado
necesidad de bajar más tarde
3. El precio incorrecto te saca del radar de compradores reales
El comprador moderno usa filtros claros:
rango de precio
m² mínimo
zona exacta
años de construcción
Si tu casa está fuera del rango real, ni siquiera aparece en su búsqueda.
4. El precio estratégico sí genera interés y mejores ofertas
Cuando el precio es correcto:
aumentan las visitas
se activan compradores serios
la propiedad compite en su segmento
la negociación se fortalece
Tu precio debe atraer, no espantar.
Un precio bien calculado no demerita tu casa. La potencia. La posiciona. La vuelve visible para quienes realmente pueden comprarla. Fijar el precio correcto es un acto de inteligencia financiera, no de resignación.